Por Fyodor Tertitskiy
Traducido por Josue de Juan
Fuente http://english.dailynk.com/english/read.php?cataId=nk03600&num=11642

Como erudito ruso de Corea del Norte, me sorprende que ninguno de los desertores norcoreanos que he conocido culpa a la URSS por lo que está sucediendo actualmente en su país. Esto contrasta con el enfoque de muchos intelectuales de Europa del Este que a menudo dicen: “Los soviéticos nos ocuparon y nos forzaron a absorver el sistema comunista”, mientras que al mismo tiempo olvidaban que la transformación comunista en muchos casos estaba respaldada por una parte significativa de la población.

A veces, tales mitos nacionalistas pueden causar un daño real a las personas. En Letonia postsoviética y Estonia, por ejemplo, muchos hablantes de ruso fueron tratados como “no ciudadanos” con derechos limitados. La aparente ausencia de esa mentalidad entre los desertores norcoreanos es ciertamente digna de respeto.

Sin embargo, sería igualmente erróneo encubrir el papel de la URSS en Corea del Norte y presentar la transformación política del país como una revolución impulsada exclusivamente por los autóctonos. De hecho, sin una presencia soviética en la península, el comunismo nunca se habría afianzado.

En segundo lugar, el gobierno comunista de Pyongyang dependía de Moscú durante más de dos décadas después de la derrota del Japón imperial. No fue sino hasta 1967 que Corea del Norte se convirtió realmente en el “país de Kim Il Sung”.

Finalmente, ahora podemos saber que la Unión Soviética fue totalmente responsable de muchos casos de represión política en Corea del Norte. Me refiero en particular a las personas encarceladas o condenadas a muerte por un Tribunal Militar Especial del 25° Ejército de la Unión Soviética, el ejército que ocupó Corea después de la rendición de Japón. Este autor ha desenterrado información sobre las víctimas extrayendo una base de datos llamada “Memorial”, dirigida por una famosa y respetada ONG rusa especializada en la compilación y publicación de información sobre las víctimas de Stalin.

Hay 50 entradas en la base de datos “Memorial” que proporcionan detalles sobre personas procesadas por este tribunal. Las nacionalidades de los 49 hombres y una mujer figuran como étnicamente coreanos (36), chinos (7), japoneses (6) y rusos (1). La primera sentencia registrada se transmitió el 1 de octubre de 1945, y la última el 4 de abril de 1947, más de un año antes de la proclamación oficial de la formación de la RPDC.

Las sentencias dictadas son las siguientes;

No culpable : 1 persona (la única mujer acusada)

Culpable : 47 personas

Pena de muerte : 6 personas

25 años de prisión : 1 persona

20 años de prisión : 2 personas

15 años de prisión : 3 personas

10 años de encarcelamiento : 16 personas

8 años de prisión : 7 personas

7 años de prisión : 1 persona

6 años de prisión : 5 personas

5 años de prisión : 1 persona

4 años de prisión : 5 personas

Caso cerrado por muerte del acusado : 2 personas

Lo que es interesante aquí es que la Unión Soviética amplió su esfera legal para incluir la parte norte de Corea. De hecho, todos los acusados ​​fueron condenados según el infame artículo 58 del Código Penal que describe “crímenes contrarrevolucionarios”. Es probable que los acusados ​​fueran inocentes, ya que la represión era irregular bajo el estalinismo y a menudo incluía sentencias al azar sin la menor provocación del presunto perpetrador.

Los condenados a muerte fueron ejecutados en Corea, y los que recibieron penas de prisión cumplieron su tiempo en los campos de concentración soviéticos. Según una serie de documentos descubiertos por el profesor Andrei Lankov, los soviéticos sugirieron a Corea del Norte en 1955 que los ciudadanos coreanos que completaran sus plazos en prisión podrían ser enviados a casa. Dado que el régimen todavía era muy dependiente de los soviéticos en esa etapa, es probable que Pyongyang aceptara esta proposición.

Desafortunadamente, es difícil medir el alcance de la represión soviética en Corea del Norte, ya que la base de datos “Memorial” está incompleta. Algunos documentos clasificados permanecen en poder del gobierno ruso, algunos son demasiado difíciles de rastrear y muchos se han perdido para siempre. Esta pequeña lista de 50 víctimas sirve como un recordatorio de que muchos de los que sufren bajo las dictaduras mueren sin dejar un solo rastro para que las generaciones futuras los recuerden.