Por Rachel Judah
Traducido por Josue de Juan
Fuente http://www.independent.co.uk/voices/north-korea-missile-test-kim-jong-un-tourism-funds-the-regime-a8082276.html

[Imagen superior: Elegir visitar el país no es como decidir entre un largo fin de semana en Niza o Edimburgo. Es una decisión moral, financiera y política con implicaciones de largo alcance AP]

Los turistas que quieran descubrir más deberían recurrir a los desgarradores relatos de desertores que describen con detalles cómo es que quieren comerse los gusanos de la cara de su padre moribundo porque están totalmente débiles por la inanición.

Después de dos meses de silencio, Corea del Norte lanzó un misil balístico en el medio de la noche. El misil de ayer (en referencia al 28 de Noviembre, nota del traductor) voló más lejos y más alto que cualquier otra prueba anterior, lo que aumenta la preocupación de que el país esté alcanzando la capacidad de misiles nucleares más rápido de lo previsto. Pero aunque el vigésimo tercer misil de 2017 es una preocupación dominante para la comunidad internacional, no hay duda de que las constantes notificaciones push, las noticias y la cobertura de Twitter sobre deserciones y el programa misiles hacen del país un destino intrigante para los curiosos viajeros.

Aunque Corea del Norte es conocida como el “reino ermitaño”, solo se necesitan unos minutos para reservar un viaje de siete días con todo incluido allí. Impulsados ​​por el deseo de ver el país detrás de los titulares, los turistas ignoran lo obvio: los millones de norcoreanos que intentan salir. Hombres y mujeres pasan años inventando planes de escape, recaudando suficiente dinero, comida y cigarrillos para sobornar a los guardias fronterizos y a los intermediarios. Mientras tanto, los turistas entran y salen con solo tocar un botón, simplemente porque se consideran viajeros intrépidos.

Pero elegir visitar Corea del Norte no es como decidir entre un largo fin de semana en Niza o Edimburgo. Es una decisión moral, financiera y política con implicaciones de largo alcance.

Los defensores de viajar a Corea del Norte argumentan que los turistas actúan como un medio para que su gente conozca a los extranjeros y poder influir en ellos para cuestionar la propaganda que se ven obligados a tragarse. Pero todas las interacciones son cuidadosamente gestionadas por el Estado. Los guías turísticos son expertos en relaciones públicas, provistos por el Ministerio de Seguridad del Estado y entrenados para dejar una buena impresión a los visitantes mientras los guían en una lista predeterminada de sitios de estilo Potemkin. Las reuniones “espontáneas” con vendedores ambulantes, estudiantes en bibliotecas o mujeres en salas de maternidad que hablan un inglés perfecto, han sido organizadas por expertos para que los turistas las encuentren “accidentalmente”. Si los actores de esta obra grotesca se apartan de sus guiones, arriesgan sus vidas y la de sus familias.

Como las posibilidades de conocer e interactuar con los norcoreanos comunes son prácticamente nulas, los turistas no hacen nada para cambiar su percepción. El resultado final es que los visitantes ingenuos o los buenistas vuelven a casa con las falsas impresiones de la propaganda de Estado, creyendo que la vida dentro de Corea del Norte no es tan mala después de todo. Pero Corea del Norte quiere que los turistas les digan a sus amigos que lo pasaron muy bien montando en el metro de Pyongyang o que comieron el mejor kimchi de su vida en Chongryu Hot Pot.

Pero no hay excusa para la ignorancia. Corea del Norte es un régimen totalitario de abusos contra los derechos humanos que las Naciones Unidas han descrito como “sin paralelo en el mundo contemporáneo”. De los 5.000 turistas que visitan Corea del Norte anualmente, se estima que el régimen gana hasta 30 millones de libras (40 millones de dólares) que, debido a que es una industria estatal, ayuda a financiar el arsenal nuclear de Kim Jong-un y respalda su prolífica red de los campos de trabajo

El turismo de este tipo es un lujo, pero cuando un tour cuesta alrededor de 1.000  libras y el PIB per cápita del país asciende a 583 libras, esto es simplemente voyeurismo, lo que otorga legitimidad al régimen y trata a Corea del Norte como un zoológico. Los turistas que quieran descubrir más deberían recurrir a los desgarradores relatos de los desertores. Una mujer me describió con todo lujo de detalles lo que era querer comerse los gusanos de la cara de su padre agonizante porque estaba completamente débil por el hambre.

Al visitar Corea del Norte, simplemente para poder ganar el debate contra alguien más en una cena cuando surge el tema de las sanciones de la ONU o las pruebas de misiles, o incluso para poder tener un sello inusual en el pasaporte, los turistas se están convirtiendo en “idiotas útiles” jugando y defendiendo las políticas de Pyongyang. Corea del Norte nunca debería ser un destino de moda, pero si está considerando visitarlo, pregúntese: ¿habría visitado la Alemania nazi?