Por Kim Ji Seung
Traducido por Josue de Juan
Fuente http://www.dailynk.com/english/read.php?num=14825&cataId=nk01300

En la actualidad, 30,000 desertores norcoreanos viven en Corea del Sur, pero a algunos les resulta difícil adaptarse a la vida en el sur. A pesar de los desafíos, muchos esperan que sus esfuerzos, impulsados por un sentido de responsabilidad para establecer un “paso adelante para la unificación” positivo, ayuden a preparar el escenario para una futura península unificada de Corea.

Para comprender mejor los éxitos y las dificultades experimentadas por los desertores en el proceso de reasentamiento, Unification Media Group está publicando una serie de declaraciones de desertores, cubriendo sus experiencias en el empleo, estableciendo negocios y estudiando, así como documentando historias donde el éxito se ha mantenido a su alcance.

“Ahora, estoy viva”, fueron las primeras palabras que dijo la desertora norcoreana Choi Ah In (seudónimo) después de aterrizar finalmente en Corea del Sur. Choi, una nativa de 45 años de la provincia de Hamgyeong del Norte, sintió por primera vez la agradable temperatura en Corea del Sur en comparación con el frío de Corea del Norte y China y el sofocante calor del sudeste asiático.

Pero más que el agradable clima, fue la abrumadora sensación de alivio que hizo que el momento fuera tan poderoso, después de años de sufrimiento físico y mental en Corea del Norte. A Choi nunca se le permitió explorar su potencial simplemente debido al hecho de que su padre nació en la mitad sur de la península antes de la Guerra de Corea. Tres generaciones después, su baja clasificación bajo el sistema oficial de songbun (estratificación social basada en antecedentes políticos familiares) permaneció infanqueable.

“Me solía gustar escribir. Siempre fui una de las mejores en mi clase en escritura y literatura, pero no importa lo duro que estudies porque no hay esperanza en Corea del Norte. Lo único que importa es tu songbun”.

Desde una edad temprana, Choi fue etiquetada como una paria y burlada por sus compañeros de clase por ser una “hija del ejército títere”. Todos los días, asistir a la escuela era una lucha debido al maltrato de sus compañeros. Sin embargo, Choi encontró alivio en sus estudios y se quedó absorta en los libros.

Aunque Choi siempre sobresalió en sus estudios, nunca pudo quitarse de encima el estigma asociado con su songbun. Choi dice que en ese momento, comenzó a odiar a su país, soñando en lugar de estudiar en el extranjero y aprender un idioma extranjero.

La madre de Choi falleció cuando ella tenía solo 17 años. La dejaron a su suerte, sobre todo sobreviviendo con raciones estatales de maíz, pasta de soya y salsa de soja, y ocasionalmente enfermó debido por la falta de nutrición. Choi tuvo que comenzar a trabajar, enfocándose únicamente en encontrar suficiente comida para llegar al día siguiente. Ciertas normas se relajaron marginalmente cuando Kim Jong Il llegó al poder, y pudo pasar un examen para conseguir un trabajo como despachadora durante la noche de una mina de carbón, donde trabajó durante aproximadamente 2 años.

La vida en Hanawon

Al igual que todos los desertores norcoreanos que llegan a Corea del Sur, Choi tuvo que pasar los primeros meses en el Centro de Apoyo a Asentamientos para Refugiados de Corea del Norte, también conocido como Hanawon. Aunque Choi admite que tiene algunos buenos recuerdos de su tiempo allí, también describe ese período como extremadamente difícil, citando las muchas restricciones sobre sus actividades y las innumerables horas dedicadas a aprender cómo adaptarse a una nueva sociedad.

Hanawon era, en sus propias palabras, una prisión sin barreras. Dado que la mayoría de los desertores pasan cierto tiempo en un tercer país en su camino hacia el sur, Choi piensa que volver a condiciones tan estrictas puede causar un gran estrés, a menudo dando lugar a peleas entre los desertores que permanecen allí.

Choi tampoco pudo alejar de sus pensamientos a su hija de 5 años que aún está en Corea del Norte. No queda nada más que llevarla al sur, donde podría recibir una educación adecuada.

Pero fue capaz de reenfocar su energía en un nuevo comienzo, especialmente al apreciar su nuevo entorno seguro en comparación con los peores días en el Norte y en China. A pesar de las inmensas diferencias culturales, el estrés y el resentimiento se desvanecieron gradualmente a medida que Choi recibía apoyo y asistencia de quienes la rodeaban. Finalmente encontró un marido y ahora disfruta mucho de su vida en el sur.

Superar la discriminación

En sus primeros meses en Seúl después de dejar a Hanawon, Choi vivía con alrededor de 400,000 KRW por mes. Si bien la mayoría da por supuesto el proceso de establecer un plan de teléfono móvil asequible, la falta de familiaridad de Choi con el proceso dio como resultado una primera factura mensual de 200,000 KRW. Ella no tuvo más remedio que coger un trabajo extra a tiempo parcial, consiguió un trabajo en un restaurante cerca de la estación de la Universidad Nacional de Seúl.

Choi pensó que era un buen trato, jactándose de sus amigos sobre ganar 120,000 KRW por 12 horas de trabajo en su nuevo puesto. Pero, en cambio, se le informó que la habían timado, que una cantidad razonable estaría más cerca de los 150,000 KRW.

Choi se acercó a su gerente y le pidió mejores salarios. En lo que sería una sorprendente introducción a la discriminación contra Corea del Norte, el gerente respondió: “Debido a su acento, no puedo aumentar más su sueldo. No pregunte sobre esto nuevamente”.

Aunque ha podido disfrutar de su vida en el sur, Choi dice que también ha sido difícil borrar por completo los horribles recuerdos de su tiempo en Corea del Norte y China. Todavía sueña ocasionalmente siendo arrestada por las autoridades norcoreanas, pero siempre está agradecida por el apoyo de su esposo en estos momentos. Pero, sobre todo, Choi sueña con tener una casa más grande, tener más hijos y pasar tiempo con su familia: una vida sencilla pero satisfactoria.

※ Este artículo fue posible en parte gracias a la financiación de Korea Press Foundation

* Traducido por Colin Zwirko